lunes, 10 de septiembre de 2012

Haikus de Barlo (José Luis Vicent)



montes ocultos,
envolviendo a los pinos
queda la niebla



agua del río,
a su paso acompañan
otros murmullos



entre unas flores
de rojo y amarillo
aquella lata



dos o tres árboles...
solamente un camino
lleno de polvo



palomas al alba,
se apagan las farolas
mientras se posan



arrecia el viento
en plena primavera,
pasito atrás



corren las niñas,
el aire de la tarde
huele a jazmín



El puntapié
sacó el balón del campo.
La luna llena...


La mueve el viento,
ya van cuatro estaciones
 sobre sus ramas 




seto aplastado
sin la vieja indigente
ya sólo un hueco




a media tarde
chas-chas, un hombre solo
con la guadaña 


José Luis Vicent - Barlo





Para mí, haiku es y no es un poema.

Del haiku es fácil aprender su estructura silábica y hasta su concreción; sus más o menos 17 sílabas repartidas en tres líneas y la presencia o no de un elemento de estación, así como de la técnica del corte o cesura brusca en una de sus tres líneas y que actuará de choque, a modo de chispa, como entre dos polos magnéticos o imágenes que completan su forma.
Pero, la brevedad del haiku no es formal; éste no es un pensamiento reducido a una forma breve, sino un acontecimiento breve que halla de golpe su forma justa. 
O como expresa Chantall Maillard:
"La esencia de una realidad captada (...) en la inmediatez de un instante".
Justedad o exactitud en la que primará la objetividad de los sentidos frente a la intelectualidad y subjetividad del autor del haiku; y justamente el cumplimiento de este criterio fundamental será el que marque la diferencia entre escribir un auténtico haiku japonés o escribir un poema breve.

El haiku bien entendido, al decir de los expertos en la materia, no nos comunica conceptualmente, no conlleva intencionalidad, ni mensaje simbólico alguno. 

El haiku es transparente y natural. 

Lo que importa no son las palabras, sino lo que no se dice, 
lo que nos muestra es el asombro mismo del escritor del haiku, expresado, eso sí, 
en un lenguaje sencillo y directo, 
una instantánea que llega 
hasta su conciencia.

Sólo en éste sentido al parecer, el haiku nada tiene que ver con la poesía tal y como los occidentales la entendemos y la escribimos;está, en cambio, más próximo a la fotografía. 

Pero será “poesía” también a su vez, si aun no existiendo en el haiku subjetividad o intervención directa por parte del autor, esta es captada y sentida como tal por parte del lector asimismo atento.

Esto no hace sino confirmar en mi modesto entender, una sola cuestión, la de que tanto en nuestra poesía como en el haiku japonés – pero más en el haiku
se requiere la participación y sensibilidad de un lector; 
porque tan conocido es quien afirme no entender la poesía cuando la lee, como quien lee un haiku por primera vez observando en su semblante una expresión no ya de asombro sino de pura perplejidad ante la ausencia del sentido.


El haiku 
es arte, 
acuarela, 
fotografía de la realidad, 
para que no se pierda ninguno 
de sus pequeños 
instantes...



Valencia, 19 de Diciembre de 2007




                                                                               
Matsuo Bashô  Maestro del Haiku




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